14.9 C
San Jorge
miércoles, abril 17, 2024
spot_img
HomeDeportesFito Rinaudo: siempre se vuelve al primer amor

Fito Rinaudo: siempre se vuelve al primer amor

El volante nacido en Armstrong regresó después de 20 años a Defensores, el club que lo vio nacer. Hace dos semanas salió campeón en la Liga Cañadense.

Por Pablo Amadei

No hay un por qué para explicar el regreso. Siempre lo tuve en la cabeza en toda mi carrera. Siempre estuve ligado a Defensores y me gusta jugar al fútbol. Tenía en la cabeza la idea de retirarme profesionalmente y venir a jugar a Armstrong”, contó “Fito” Rinaudo a El Impreso del Oeste.

Fito en realidad es Fabián, aunque a esta altura haya que googlearlo para saber cómo se llama. En el mundo del fútbol, en cada esquina de Armstrong es sencillamente Fito. Así fue desde que en la Escuela Nª 600 donde hizo la primaria, “Bichilo”, ex compañero de grado y ahora amigo de la vida, empezó a llamarlo “Fito” sin razón aparente y quedaría para la posteridad.

Si para “Fito” Paez “Rosario siempre estuvo cerca”, para este otro “Fito” Armstrong nunca quedó lejos. Cada vez que pudo, cada vez que el fútbol profesional le daba un respiro, volvía a una ciudad a la que se siente unido como por un cordón umbilical invisible. Volvía a encontrarse con los olores del barrio sur donde creció, con el afecto de los vecinos que lo veían por la tele. De hecho, hay un dato que lo pinta de cuerpo entero. Pese a ser un nómade del fútbol que vivió en La Plata, Rosario, Lisboa y Catania, nunca cambió el domicilio de su DNI. Siempre fue la misma dirección de Armstrong donde hasta hace poco vivían sus padres antes de mudarse.

En el ADN   

Si el ADN de Rinaudo está marcado por esta localidad agroindustrial del departamento Belgrano, su sangre tiene los colores rojinegros de Defensores, el club donde comenzó a jugar de pequeño. Herencia familiar del abuelo materno Osvaldo Lencina, quien también jugó en el “Defe”, y de papá Luis y mamá Mónica.    

Porque Fito” Rinaudo siente en la piel a Defensores. Se le nota cuando habla, cuando se entusiasma contando del proyecto de expansión de un club que está en pleno crecimiento, con un predio donde construye la nueva cancha de fútbol para la primera y otras para las juveniles. Cuando señala a la imponente tribuna de cemento, cuya estructura asoma sobre el horizonte. Siente tanto en la piel a Defensores, “su” Defensores, que pide como única condición que la nota sea justamente allí, en esas hectáreas ubicadas unos 150 metros al este del actual campo de deportes.

La vuelta

Como pasó a principios del 2022 cuando se conoció que Leo Ponzio volvía a jugar en el Kemmis de Las Rosas, el mundo del fútbol regional se revolucionó cuando se conoció que Fito Rinaudo regresaba a los 36 años, para jugar en Defensores. Venía arrastrando una lesión que lo alejó de las canchas durante dos años y parecía que el retiro del deporte estaba cada vez más cerca, aunque seguramente el dirigente Rubén Isoardi, gestor del regreso, no tuvo que hacer mucho esfuerzo para convencerlo de que jugara en Defensores.

En lo personal ahora juego al fútbol por pasión, no es un trabajo para mí. Y luego por agradecimiento y porque me insistieron. Estuve parado dos años en la cama sin poder recuperarme de la rodilla y volver a jugar es hermoso, contó sentado en uno de los dos escalones que tiene la tribuna de la futura cancha de fútbol juvenil de Defensores.

Y Fito volvió en gran nivel, alejado de la posición natural de volante defensivo para transformarse en casi enganche, distribuidor de juego. Además, jugó todos los partidos y todos los minutos en su equipo, desde el primero de la primera fecha hasta el último de la final. Y como si fuera poco, la vuelta de Rinaudo vino acompañada del campeonato del Torneo Apertura de la Liga Cañadense de Fútbol. El segundo que consigue Defensores en sus 92 años de vida. Vine acá por otra cosa, no para darle un campeonato. Yo no había vivido el campeonato del 2017 porque estaba afuera. Se dio volviendo después de 20 años, en mi club. Fue muy lindo”, dijo Fito.

Y como si las cartas del destino estuvieran marcadas, las de Fito llegaron con un póker de ases. Después de 15 años en el fútbol profesional, con paso por Europa y la Selección Argentina incluído, después de una enésima lesión de rodilla que lo había dejado maltrecho, crease o no ganó el primer título de su carrera con Defensores, “su” Defensores.

Perdí varias finales. Con Gimnasia la de Copa Argentina, con Rosario Central la Supercopa contra Boca donde erré el penal. En Portugal una final de Copa y una final de liga con Benfica. No podía ganar. Rompí el maleficio contra Almafuerte, recordó.

El campeonato fue una locura, la frutilla del postre porque no estaba en los planes. Todo el mundo me dice ahora que ya está, que me retire pero como soy porfiado voy a seguir jugando”, se entusiasmó y lanzó una promesa para quienes lo veían colgando los botines.

Sus comienzos con la pelota

Roberto Chiappini, es uno de esos colaboradores eternos que hay en toda institución, 40 años junto a Defensores, y conoce a Fito desde siempre. Desde que su padre lo llevó al club con 5 años a patear una pelota acompañando a su hermano. Cuenta que Fito lloraba cada vez que iba a práctica. “De eso no me acuerdo. No la debía haber pasado bien acá porque lo borré de la mente” dice entre risas. Y es que sus primeros recuerdos con la camiseta de Defensores son de cuando era un poco más grande, con 8 o 9 años tal vez. Antes, hay algunas imágenes en su mente del comienzo del romance con la pelota “jugando enfrente de la casa rompiéndole los vidrios a la Teresa”, la vecina.

Épocas de fútbol a la hora de la siesta, en la calle, en los potreros. Otras épocas, de esas que también se perdieron en nuestros pueblos, como tantas otras cosas. “No sabes cómo se enojaba la Teresa”, agregó. Y no era para menos. Aunque menos mal que no convenció a los padres de frustrar la carrera de Fito porque otra hubiera sido esta historia. De aquella época de purrete, como lo describiría el tango, queda la anécdota de cuando le tocó enfrentar y marcar a Lionel Messi en el Mundialito de Arteaga. Rinaudo con la camiseta de Matienzo de Pujato y la “Pulga” con la de Newell’s. Y también un par de campeonatos en la Liga con la Categoría 87: en 1997 en infantiles y en 2000 en juveniles. “Pone lo de los campeonatos porque los muchachos del grupo de Whatsapp de la ‘87 me prenden fuego si no salen en el diario”, adviertió.

La llegada a Gimnasia

Cuando tenía 12 años estuve un año en la pensión de Central y me volví porque no aguanté. Hoy a la distancia me parece una locura total”, contó Fito de su primera experiencia precoz pensando y viendo hoy “todo el tiempo a los padres desesperados porque los hijos vayan a una prueba acá o allá”.

Si aquella primera vivencia fuera de casa fue frustrante, la revancha vendría un par de años más tarde después de que a los 15 ya hubiera debutado en la primera en Defensores, donde llegó incluso a jugar junto a su hermano Leandro varios partidos. Con 16 años se fue a probar a Gimnasia y Esgrima de La Plata y allí se quedó. Fue el primer gran cambio, el que le permitió comenzar a moldear su carácter y su actitud frente al deporte. “Cambió todo. Siempre digo que es muy difícil el fútbol de jugarlo y llegar a primera, pero es muy difícil la vida paralela que uno tiene que transitar. De estar acá con la contención familiar, con los amigos a la vuelta de la esquina, de que te preparen la comida y te laven la ropa en casa. Cuando llegas a un club, a la pensión a tener que levantarte solo, ir a entrenar, cocinarte, lavarte la ropa siendo un nene, recordó a la distancia. 

En el entrenamiento te exigen como si fueras un profesional, hacer gimnasio, pesas. Con mucha exigencia para la edad. Tal vez esa sea la mayor diferencia con un club de liga, la forma de trabajo. Es una diferencia abismal. Te sentís en la obligación de tener que aguantar, por la familia, por el pueblo, por los amigos que te están mirando. Uno carga con esa presión y les pasa a todos los pibes. Llegar a primera es un camino largo y durísimo porque sos adolescente y tenes una edad donde tener que salir de joda, comer asado y de la nada te tenes que hacer profesional”, agregó. 

Probablemente en esas noches lejanas de pensión en La Plata comenzó a forjar esa premisa que hoy repite como un mantra a quien quiera escucharlo: Intento contagiar eso de que para poder jugar tenés que estar bien en todo sentido: entrenar bien, comer bien, estar bien de la cabeza y descansar bien. Esas son las cuatro patas firmes. Si alguna falla no vas a estar bien. Y si llegás a primera y fallás en una de estas patas, seguramente no vas a podés mantenerte”.

Fito pudo llegar y mantenerse. Incluso, reconoce que todo se dio demasiado rápido a partir de su llegada a La Plata. Para mí fue muy brusco, tendría que haber sido más paulatino el cambio. A mí me ayudó haber jugado en primera acá porque llegue con un roce distinto para mi edad”. Así, con solo un par de meses en el club llegaría una convocatoria para una pretemporada con el plantel de primera y una lesión, la primera de tantas que sufrió en su carrera, que lo tuvo a maltraer durante dos años. El regreso jugando en cuarta, luego en reserva y la firma del primer contrato a los 20 años. Ahí se produce la transformación porque debuté en primera al poco tiempo y anduve bien. Ahí hice pie en primera y no salí nunca más”. 

Su paso por Europa

Tres años jugando en Gimnasia fueron suficientes para abrirle la puerta a Europa, un paso que “tenía que dar por lo futbolístico y lo económico”. De hecho, no fue sorpresiva su transferencia porque en cada mercado de pases su nombre era número puesto. El Sporting Lisboa de Portugal se transformó en su próximo club en junio del 2011. Y si cambiar Armstrong por La Plata había sido grande, Argentina por Europa fue mayor.

“Te abre la cabeza jugar afuera porque te cambia todo. Otros estadios, otra cultura, compartir el vestuario con gente de todos lados. O abrís la mente y te propones estudiar el idioma para comunicarte o no vas a sobrevivir en ese mundo. Así me fui haciendo. Vos tenes que generar relaciones, mejorar, creces como persona. El ver la cultura europea es lo que te hace decir ah, pero se puede vivir bien y ordenado”, reconoce.

Sin embargo, pese a estar a 10 mil kilómetros de distancia no pudo escaparse de las lesiones que lo persiguieron durante toda su carrera. En Portugal tuvo dos graves y prácticamente consecutivas, aunque nunca dudó de enfocar la cabeza en recuperarse y volver a jugar. 

La vuelta a Argentina

Tres años en Portugal más una cuarta temporada en Italia jugando para el Catania, le abrieron la posibilidad de volver a la Argentina, y por supuesto a Gimnasia. Una decisión donde el corazón y amor por el lobo platense pudo más que el resto. “Hoy te diría que me hubiera gustado quedarme, pero en el momento lo sentía así.  Volví para un partido a beneficio en La Plata y salió todo muy lindo, sentí el cariño de la gente. Además, el Catania había descendido y yo no podía seguir ahí y tenía otras ofertas. Hoy con el diario el lunes te diría que me tendría que haber quedado, pero decidí volver y en Gimnasia fue todo muy lindo porque jugamos una copa internacional y peleamos un campeonato”. 

Luego de otros tres años en el club platense llegó el turno de Rosario Central.  Se consolidó un par de años más en buen nivel hasta que la rodilla volvió a jugarle una mala pasada y tuvo que parar otra vez. Operación mediante, la historia ya es conocida. Tras una larga recuperación volvió a encontrar la paz futbolística en Defensores, su Defensores.  

La vida en Armstrong

Volver a Armstrong significó también reencontrarse con cierta tranquilidad. Como nunca se fue del todo, ahora que los vecinos lo ven todos los días, ya forma parte del paisaje urbano. Está en la etapa de adaptarse a la vida de pueblo junto a Sandra, su pareja portuguesa y madre de su hija Sofía, a la que conoció en su etapa en Lisboa y que lo acompañó hasta ahora. Los más chicos del club son los que más lo requieren, pero no con la intensidad de las grandes ciudades. Asegura que en el futuro cercano se quedará viviendo en Armstrong y por ello se está construyendo una casa:”La primera casa que voy a tener propia. Porque en La Plata construí una y cuando me iba a mudar me transfirieron a Central, dijo entre risas.

Eso sí, todavía sigue recibiendo mensajes, sobre todo de los hinchas de Gimnasia, que le piden un video de saludo por un cumple o cosas por el estilo. De hecho, siempre renegó del reconocimiento o la fama que acompaña la vida de los deportistas, de cierto acoso constante que suelen recibir de los fanáticos, ansiosos por una foto, un saludo, un autógrafo. Frente a eso reconoce que la decisión de vida era no salir. Ir de casa en casa evitando ese tipo de cosas, pero no porque estén mal, sino que a mí me hacían mal. Estar con mi familia o amigos y tener que sacarme fotos a mí me ponían mal. Nunca fui de disfrutar eso. Yo también entiendo que tengo una personalidad especial al que no le gustan algunas cosas que te brinda el fútbol. Te convertís en una persona popular que no puede andar por la calle como una alguien normal porque no podés vivir todo el día sacándote fotos. Este aspecto yo lo detesto y todos mis amigos saben que no me gusta esa popularidad, no la considero sana. Al contrario, al que no está afirmado la puede llegar a confundir y yo evité todo eso”.

Para el final dejó lugar a la reflexión sobre lo que significa la vida en el fútbol profesional, lejos del glamour que supone que el deportista entrena dos horas por día y después tiene 22 más para disfrutar. “El que dice eso no entiende nada del fútbol o por lo menos del profesional. Es muy esclavo, te atrapa. El fútbol te va a quitar casi todo lo que tenés, amigos, joda, la platita que te dan tus viejos cuando sos chico y sobre todo la libertad. Llegar a primera te saca la libertad por completo. Todo se hace cuesta arriba porque no sabés si llegas dejando todo por un sueño del que no sos tan consciente. Estas en una turbulencia constante.

Pese a ello y para que no se malinterprete agregó que son más las buenas que las malas en el fútbol. “Perdí muchísimo, pero gané muchísimo en relaciones humanas, en crecimiento humano, conocí el mundo, otras culturas y a mi novia que me dio a mi hija. Tengo que ser agradecido porque en la reunión de todas las cosas estoy bien y claro que valió la pena. Por supuesto que valió la pena.

Un equipo que apareció en el final del torneo

Apenas iniciada la temporada Defensores era uno de los candidatos. No solo porque tenía en el banco a Sergio “el Indio” Chiurchu, el técnico más ganador de los últimos 20 años, sino por un plantel de mucho talento. El equipo contó con la base de jugadores locales que venían jugando en los últimos años como Duarte, Lardone, Lautaro Pérez, Titon González, Arballo, el histórico goleador Matías Toresi y Ocampo. “Son chicos que yo los veía jugar cada vez que volvía de donde estaba. Hoy me tocó formar parte de este proyecto y salir campeón y la verdad que fue un orgullo”, dijo Rinaudo.

También tuvo el aporte de refuerzos de jerarquía como el arquero Facundo Buenavìa, los marcadores centrales Benítez y Del Giorno, Vera y Marino en el ataque y el “Chelo” Marcelo Benavente que con 40 años fue el socio perfecto para Rinaudo.  

Sin embargo, le costó hacer pie al principio del torneo y recién en la segunda rueda mostró algo de lo que se esperaba con lo que logró clasificar en el quinto puesto en una zona donde entraban los seis primeros. 

La mejor versión se vio en las etapas finales y siempre jugando de visitante. En octavos de final le ganó al campeón del Clausura 2022 Adeo con autoridad, en cuartos sacó por penales al ultra favorito Sportivo, en semifinales despachó a Carcarañá con dos goles de Fito y en las finales le ganó tanto en Armstrong como en Las Rosas a Almafuerte. “Estoy muy feliz de haber podido jugar con una generación de pibes surgidos del pueblo. El ensamble con los jugadores de afuera costó al principio, pero después fue fundamental tanto dentro como fuera de la cancha. Esta sumatoria hizo que el resultado fuera el título”, sintetizó Rinaudo.
NOTAS RELACIONADAS
spot_img

MAS VISTAS

Secured By miniOrange