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martes, abril 16, 2024
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Sérum facial: qué es, cómo se usa y cuál es el indicado según cada tipo de piel

Un complemento de la rutina de belleza para acompañar masajes, uso de Gua-sha o preparar el rostro antes del maquillaje.

Por Chama M. Nóbile

La oferta de la cosmética comercial en cuanto a sérums faciales es alta, variada y sorprendente respecto a lo que el mercado determina debe valer la “juventud embotellada”. Sin embargo, desde este espacio derribamos los mitos detrás del negocio y proponemos el conocimiento de opciones eficaces y económicas para lucir un rostro radiante y rejuvenecido.

En el artículo anterior les hablé sobre el yoga facial y el uso de la Gua-sha y los rodillos de jade para tonificar los músculos del rostro y mejorar el aspecto de la piel. En esa oportunidad hice mención de un producto denominado “sérum” y hoy vamos a saber de qué se trata.

Un sérum o suero cosmético es un tratamiento hidratante que se caracteriza por tener una alta concentración de ingredientes activos y una textura líquida que favorecen una rápida y más profunda absorción. Su principal beneficio es su gran eficacia para combatir el envejecimiento prematuro de la piel.

Si bien hay distintas versiones sobre su composición, una de las más comunes es la combinación de aceites vegetales cuyas propiedades sean benéficas para favorecer la producción de colágeno, hidratar y nutrir la piel y además protegerla de los radicales libres, causantes de la oxidación de las células y, por lo tanto del envejecimiento de la piel.

Para las novatas en el tema puede ser difícil diferenciar entre todos los productos de cuidado de la piel que existen: mascarillas para dormir, mascarillas «de hoja», mascarillas de arcilla para rutinas semanales, cremas faciales, sérums faciales, tónicos, esencias. La lista es larga pero de acuerdo al mercado de la belleza “dos de los productos más básicos, y esenciales, en la rutina de cuidado facial son el sérum facial y la crema facial hidratante.

En cuanto a la diferencia entre ambos, Ginger Bishop, directora de Capacitación internacional de cuidado de la piel de Lancôme, explicó que “los sérums tienen una textura más ligera que las cremas y se absorben rápidamente en la piel. Se recomienda aplicar un sérum para el rostro después de desmaquillarse y preparar la piel (con un tónico o una esencia). Los sérums faciales nunca deben utilizarse solos, sino que deben ir seguidos de un producto de cuidado de la piel. Después de aplicarte el sérum, utilizá una crema para añadir hidratación y confort al rostro”.

Sobre los beneficios que aportan los sérums, los expertos aseguran que aplicar un sérum facial añade unos 10 segundos a la rutina diaria pero esos 10 segundos no son mucho comparados con los resultados y beneficios que se obtiene al final. Dependiendo de las necesidades (falta de hidratación, arrugas, manchas…), también se pueden mezclar los productos para ahorrar tiempo. La recomendación es añadir dos gotas del sérum para el rostro en la crema. Le aportará una textura cremosa y enriquecida para el invierno.

Sin embargo, cada tipo de piel debe encontrar el sérum adecuado para que su efecto no resulte contraproducente. Y para eso hay que tener en cuenta el nivel comedogénico de sus componentes. Este nivel se percibe por la capacidad del producto de obstruir los poros y que por lo tanto, favorecen la aparición de espinillas, puntos negros o comedones (que le dan nombre). Las grasas y aceites debido a su naturaleza son algunos de los ingredientes más relacionados con el término comedogénico.

También hay que identificar los aceites que componen los sérums para saber si éstos son indicados para usar de día o de noche, ya que algunos aceites, como el de rosa mosqueta, si bien es un poderoso antioxidante y aclarante de la piel, si se usa previo a una exposición solar puede terminar manchando la piel ya que es un aceite fotosensible.

Los aceites que mejor se adaptan a todos los tipos de piel son el de jojoba, el de argán, el de almendras, de oliva, de rosa mosqueta y el de pepita de uva ya que son de bajo nivel comedogénico y tienen comprobados beneficios antioxidantes.

Los mejores momentos para aplicar los sérums son por la mañana y por la noche, antes de la crema facial. La regla es no acostarse con la piel desprotegida.

Para su aplicación se recomienda no hacerlo sobre el maquillaje o después de la crema. Tampoco conviene aplicarlos durante el día cuando la piel no está limpia.

Una gran empresa francesa de cosmética dicta como “regla de oro” que nunca se debe aplicar la base de maquillaje sin crema o sérum facial porque se corre el riesgo de resecar la piel y éstas funcionan como capa protectora.

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