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martes, abril 16, 2024
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Golpes de calor en el adulto mayor

Por Dr. Aníbal Vega, geriatra y gerontólogo

Para iniciar la columna de esta semana, resulta apropiado especificar algunas particularidades del adulto mayor que los hacen mas propensos a ser afectados por los golpes de calor.

El envejecimiento es un proceso biológico que se caracteriza por una disminución funcional y un aumento de la vulnerabilidad y falta de respuesta al estrés, además de todos los cambios corporales que conducen a un deterioro en la capacidad de adaptación. Para ejemplificar, a los adultos mayores se les altera la capacidad de regular la temperatura corporal, lo que aumenta el riesgo de desarrollar hipertermia o hipotermia.

Todo esto se debe a que, con incremento de la edad, las personas tienden a disminuir la actividad muscular. Esto conduce a la reducción de la sudoración, de la vasoconstricción   y de la vasodilatación cutánea, influenciado además por los cambios de temperatura y la imposibilidad de discriminar las diferencias térmicas. Esto puede desencadenar en lo que se conoce como anhidrosis, que es una falta anormal de sudor, teniendo en cuenta que la sudoración le permite al cuerpo liberar calor.

Ahora sí estamos en condiciones de comprender que los golpes de calor se producen cuando la temperatura del cuerpo se eleva rápidamente y no puede bajar, sobrepasando los mecanismos de eliminación corporal del calor. Este aumento puede ser endógeno o exógeno, de forma indiscriminada.

Formas en las que se presentan

Los golpes de calor se pueden dar de dos formatos. Una es la clásica, es decir, aquella muy común en las personas de la tercera edad. Se da durante las olas de calor y se debe fundamentalmente a la incapacidad de eliminar el aumento pasivo del calor, como se expliqué en párrafos anteriores.

Pero también se puede dar un golpe de calor por esfuerzo, es decir, cuando el geronte realiza más actividad física que lo habitual. En estos casos, se ven sobrepasadas su capacidad de disipar el calor endógeno. Se produce mayormente en personas no entrenadas.

Tendencia

Algo muy importante de comprender es que los adultos mayores tienen una predisposición por la aparición de esta problemática, además de enfermedades de base como la diabetes, insuficiencia cardíaca, el uso de diuréticos o consumo de tóxicos como cocaína, anfetamina, alcohol y la presencia de obesidad, entre otros. Estas patologías complican y favorecen la presencia de los golpes de calor.

El especialista Anibal Vega

Síntomas

Los síntomas típicos de los trastornos de la regulación de la temperatura en personas de la tercera edad se pueden resumir en una tríada: hipertermia (aumento de la temperatura interna), alteración a nivel de la conciencia y la anhidrosis (falta de sudor).

Pero, además, existen otros signos en los cuales la problemática analizada se visualiza. Uno de ellos es fiebre alta, correspondiente a 40ºC o incluso más. Otro puede ser cambios en el estado mental de la persona, como por ejemplo confusión o dificultad en el habla.

La piel seca, enrojecida y la sudoración excesiva pueden constituirse como síntomas, al igual que el pulso acelerado, la respiración agitada, dolores de cabeza y desmayos.

Qué hacer

El golpe de calor es una urgencia vital y el enfriamiento rápido (por debajo de los 39°C) es clave para evitar todo tipo de riesgos, teniendo en cuenta que la tasa de mortalidad de los gerontes por esta problemática es muy alta, llegando a un 10%.

Por eso, ante la sospecha por presencia de algún signo, lo que debemos hacer es comunicarnos con el 107 o el número de emergencia local. Luego, es imprescindible sacar a la persona del calor, quitándole el exceso de ropa y/o enfriándolo con lo que se tenga a mano.

Con respecto a este último punto, algunas acciones para poder disminuir la temperatura corporal de forma rápida pueden ser sumergir a la persona en una bañera o darle una ducha con agua fría, cubrirla con sábanas húmedas (aumentando la evaporación con ventiladores si es posible), colocar compresas de hielo en el cuello, axilas e ingle o masajear vigorosamente la piel. Todo ello contribuirá a que la temperatura rectal descienda hasta llegar a 39 o 38,8ºC.

Si la persona pierde el conocimiento, mientras se espera la llegada de la asistencia médica pertinente, se puede hacer reanimación cardiopulmonar (RCP), siempre y cuando quien lo practique esté entrenada para poder proporcionarlo.

La hidratación vía oral en el adulto mayor es fundamental. No debemos ofrecer bebidas azucaradas, con cafeína, ni mucho menos con presencia de alcohol. También, tenemos que evitar que estén muy frías para evitar la producción de calambres estomacales. Tampoco se debe suministrar vía oral paracetamol o aspirina como antitérmicos.

Vacunas y adultos mayores

Me parece pertinente que además de lo comentado anteriormente, como médico Director del Samco de María Susana y en medio de la pandemia ya conocida por Covid-19,  insista en la campaña de vacunación realizada por el Ministerio de Salud de la provincia de Santa Fe, que lleva 7 millones de dosis aplicadas actualmente en el marco de el Plan Estratégico de Vacunación.

Recomiendo a quienes todavía no comenzaron el esquema o a los que lo tienen incompleto a regularizar esta situación, ya que está ampliamente demostrada la disminución de la sintomatología y la necesidad de internación en quienes cuentan con sus dos dosis, o mejor quienes tienen su dosis adicional o refuerzo, según corresponda.

Para finalizar, quiero dejar en claro la importancia de vacunar a los adultos mayores más allá del Covid-19. En efecto, existen otras campañas para asegurar su salud y el bienestar. Entre ellas, la vacuna antigripal (influenza), la antineumococcica (las cuales pueden inocularse al mismo tiempo en sitios separados), la vacuna antitetánica, (que suele darse como vacuna doble en conjunto con la antiftérica) y además contra la Hepatitis B, en el caso que corresponda.

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