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Cordillera de los Andes: un recorrido por la columna vertebral de Argentina

La cadena recorre unos 3.500 kilómetros en la Argentina y en algunos tramos tiene 7.000 metros de altura y en otros se sumerge de lleno en el mar

Los circuitos de montaña de Argentina a lo largo de la Cordillera de los Andes ofrecen una diversidad de opciones, desde lugares con paisajes que parecen sacados de la superficie lunar, otros recónditos frecuentados por aventureros y algunos con mejores instalaciones que cautivan a miles de visitantes.

“La geografía del país ostenta una de las cordilleras más lindas del mundo. Lo único que tiene que hacer una persona que busca montañas es mirar al oeste”, resumió a Télam el consultor turístico Andrés Calla, en la víspera del Día internacional de las Montañas.

Son unos 3.500 kilómetros de cordillera que recorren la Argentina y que, en algunos lugares, roza los 7.000 metros de altura, mientras que en otros, se sumerge de lleno en el mar.

“Las diferentes alturas promueven grandes transformaciones en los aspectos, texturas y colores de las montañas y esa diversidad de paisajes la hace un accidente geográfico único en el mundo”, apreció Calla, uno de los creativos detrás de Rutas Naturales, programa integral de promoción del Ministerio de Turismo y Deportes de Nación.

La Puna

Uno de los atractivos de la cordillera está en la Puna jujeña, entre montañas que superan los 3.000 metros sobre el nivel del mar, escenarios naturales dignos de películas de John Ford, desiertos de altura, salares y volcanes, donde se emplaza el Valle de la Luna de Cusi Cusi, un lugar para quienes persiguen la serenidad.

Al costado de la ruta nacional 40, que recorre la cordillera desde el extremo sur de Santa Cruz hasta la Quiaca, emerge una postal interplanetaria de colores intensos que envuelven picos y farallones de 100 metros de alto y abrazan al poblado de Cusi Cusi, que tiene dos calles de largo, una plaza, una iglesia, y menos de 250 habitantes que mantienen vivas las tradiciones de generación en generación.

“La Puna tiene una textura muy agreste, muy seca, donde se funden muchas tonalidades de colores naranjas, rojos, marrones. Es muy intenso desde todos los sentidos”, puntualizó Calla, con el ojo clínico de un realizador audiovisual que hace más de una década repara en cada uno de estos detalles.

La Ruta Natural propone comenzar en San Salvador de Jujuy y transitar la Quebrada de Humahuaca, que inicia en Purmamarca, un pueblo turístico de calles empedradas y ferias artesanales, con asiento en primera fila para admirar el cerro Siete Colores, uno de los más maravillosos del país, con tonalidades devenidas de sedimentos marinos, lacustres y fluviales que tienen unos 600 millones de años de antigüedad.

En este circuito está el tramo más complejo de la ruta nacional 52, la empinada Cuesta de Lipán, con una vista panorámica que, a través de 131 vueltas, alcanza los 4.170 metros de altura. Luego, atraviesa las Salinas Grandes, las terceras más extensas del planeta, hasta La Polvorilla, una de las paradas del famoso Tren de las Nubes, y continúa hasta el salteño San Antonio de los Cobres, un pueblo mágico en pleno corazón de la Puna, que conserva su arquitectura tradicional.

Los Altos Andes

Para aventureros se destaca la ruta de los Altos Andes, que conecta Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza, visitada por quienes practican deportes invernales y donde se ubica el cerro Aconcagua, el punto más alto de la cordillera, con unos casi 7.000 metros, el desafío de cualquier andinista.

“No hace falta llegar a la cima para tomar dimensión del paisaje. Muchas veces, la montaña genera ciertas limitaciones de acceso, pero acá se puede llegar a la base por rutas asfaltadas, sin ningún tipo de esfuerzo”, precisó Calla.

Una propuesta es la ruta de los Seismiles, un camino zigzagueante a lo largo de 200 kilómetros, por un paisaje árido e inhóspito que se despliega entre una veintena de picos que superan los 6.000 metros sobre el nivel del mar y que parecen desplomarse del cielo. La nieve y los glaciares permanecen sobre ellos durante todo el año, pese a la extremada amplitud térmica que se registra.

El viaje comienza en la localidad catamarqueña de Fiambalá, que cobija al pie de la cordillera una de las termas naturales más hermosas del país, con temperaturas de hasta 45 grados. Por la ruta nacional 60 se llega al nevado Ojos del Salado, el volcán activo más grande del mundo, y al Incahuasi, en cuya cumbre se hallaron ruinas incaicas y al que se puede ascender si se tiene experiencia previa.

En Mendoza, una de las rutas más asombrosas para descubrir el corazón de la cordillera es la 7 que perfora con túneles inmensas montañas hasta la base del Aconcagua, que presenta senderos autoguiados, para trekking y miradores.

Si se opta por estancias de campo, astroturismo, ciclismo, trekking y cabalgatas en alta montaña, entonces el destino es el volcán Tupungato.

El paisaje comienza a contrastar fuertemente en la Patagonia, donde la lluvia y la humedad configuran un ambiente de exuberante vegetación que cubre montañas con picos nevados y lagos a sus pies.

“Lo que hace a esta parte de la cordillera realmente fascinante es que podés darte un baño en un lago mientras mirás un glaciar que cuelga de una montaña”, relató Calla.

La Patagonia

Las postales que enamoran de la Patagonia se extienden desde el suroeste de Neuquén hasta el noroeste de Chubut, pasando por las pintorescas ciudades de San Martín de los Antes y Villa la Angostura, que se conectan por el camino de los Siete Lagos, recomendada para ciclistas que no quieren perderse ningún punto panorámico de la travesía. Unos 50 kilómetros antes está Villa Traful, un destino para experimentar buceo en un bosque sumergido.

Dentro del Parque Nacional Lanín, en la zona de Hua Hum, se esconde uno de los grandes tesoros de la región: las termas de Queñi, a las que se llega después de un trekking de cuatro kilómetros por la selva valdiviana. En este lugar de ensueño y remoto, dos pequeñas cascadas de aguas brotan a 70 grados y confluyen en una piscina natural escalonada rodeada de robles y raulíes.

En Bariloche, capital del turismo aventura, proliferan las ofertas de trekking, ciclismo, kayak, rafting, rappel, buceo y cabalgatas, mientras que El Bolsón atrae por la impronta cultural que marcó el movimiento hippie a finales de los 60.

“La cordillera empieza a bajar su altura promedio en Santa Cruz y el clima es un poco más hostil. Lo característico de la Patagonia austral es que se puede estar cara a cara con un glaciar”, remarcó Calla, cuyas bitácoras se pueden leer en el blog Lavidadeviaje.

En esta zona de la Patagonia se distinguen El Chaltén, capital nacional del trekking, que ofrece una vasta red de circuitos y senderos de diferentes dificultades, que brindan magníficas vistas del cerro Fitz Roy, y El Calafate, puerta de acceso al imponente glaciar Perito Moreno.

Por: Florencia Fazio (Telam)

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