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martes, abril 23, 2024
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La cara femenina del rugby

Una joven rosense desde hace un año juega en Rosario, ante la ausencia de actividad en la región

Por Pablo Amadei

Francesca Ciccarelli, el próximo 23 de noviembre cumplirá 14 años y probablemente sea la única adolescente que practica rugby en varios kilómetros a la redonda. Nacida y criada en Las Rosas, esta hija de Silvano y Verónica, hermana menor de Katia, juega desde principios de año en la categoría Pre juvenil de Old Resian de Rosario, ante la inexistencia de un club en la región donde pueda desarrollar su pasión. 

De hecho, es la capitana del equipo que viene de consagrarse campeón del primer Torneo Nacional de Clubes femeninos de rugby que se desarrolló hace un mes en Tucumán. Este torneo es el campeonato más importante y federal del rugby femenino en el país que se disputa desde 2011 en categorías mayores y juveniles. En la última edición, por primera vez se realizó una prueba para Pre Juveniles, y el equipo rosarino dejó en el camino a las anfitrionas, Cardenales y a Alta Gracia RC y a Córdoba Athletic para poder alzar la copa.

Al Nacional de Clubes llegamos por invitación después de ganar el Torneo Regional del Litoral. El nivel era muy bueno y no nos esperábamos algo tan alto. Nos fue bien y nos pudimos mantener a la altura de ese nivel, declaró Francesca a El Impreso del Oeste con una soltura que la hacen parecer mucho mayor de lo que realmente es. Porque no hay que olvidar que Fran, como todo el mundo la llama, está cursando el primer año en el Colegio Sagrado Corazón. En la escuela le va muy bien”, confesó mamá Verónica.  

Los comienzos

Puede ser que Francesca haya nacido con los genes del rugby en la sangre porque su padre fue jugador de Los Teros, el equipo de Almafuerte. O puede ser también que le haya tomado el gusto a la pelota ovalada cuando de pequeña jugaba con su padre y su hermana en el patio. 

La cosa es que después de practicar vóley, hockey y taekwondo y no durar más de medio año en cada uno, llegó al rugby un poco por contagio de su hermana que ya lo practicaba. La veía jugar y me llamaba la atención porque era un deporte distinto y porque no se hablaba tanto del rugby femenino”.

Su madre recordó como si fuera hoy, cuando Fran le dijo que quería jugar al rugby, Al principio fue medio difícil. Teníamos a la nena mayor que empezó a jugar en Los Teros y después fue a jugar a Cañada de Gómez en primera porque se había armado un equipo. Después se golpeó en un accidente de moto y dejó. Vino Fran y me dijo ‘quiero jugar al rugby’. Ella ya había pasado por todos los deportes que te imagines, pero no enganchaba con ninguno y cuando fue a rugby le encantó así que dijimos vamos por la segunda”.

El que no le tenía mucha confianza, al parecer, era su padre y Francesca lo rememoró así: Mi papá al inicio no me tenía fe, decía que no me iba a animar. Pero empecé y me gustó. Tenía 11 años y era la única chica que había”.

Como en el rugby se permite jugar mixto hasta los 12 años, la niña se sumó rápidamente a las prácticas. Apenas me presentó el profe me miraron medio raro los chicos, pero después me incluyeron bien en el grupo. Yo pensé que iba a haber más diferencias”, recordó. 

La cuestión fue que Francesca no solo era la única mujer en el equipo sino en la mayoría de los encuentros que jugaba, por lo que se acostumbró a ser el centro de todas las miradas. Pero, además, porque siempre mostró una habilidad natural para el juego que la hacían sobresalir entre compañeros y adversarios.

Después de jugar dos años en Los Teros y participar de decenas de encuentros regionales, decidió literalmente parar la pelota un año.Dejé porque no tenía más ganas. Quería descansar y ver si me gustaba el deporte para probar en Rosario o no”. Sabía que llegaría esa edad donde solo podría jugar con y contra mujeres y en la región era imposible porque el rugby femenino no existe.

La llegada a Old Resian

El parate le sirvió para darse cuenta que jugar al rugby era definitivamente lo que quería, así que solo quedaba saber dónde. A Old Resian llegamos googleando clubes femeninos de rugby. Aparecieron dos en Rosario y uno era Old Resian. Entramos en la página web, conseguimos el número de contacto y ella me dijo que quería ir a probarse porque con los varones no daba para más. Así que dijimos con el padre que íbamos a probar para ver si le gustaba. Mandé un mensaje por wasap y nos dijeron que la lleváramos, recordó la madre. 

Así que bolso en mano, llegó una tarde al entrenamiento y fue amor a primera vista.Ella tenía miedo por ahí por la forma en que la iban a recibir por venir de un pueblo, pero fue todo fenomenal. Está contenta y le gusta”, aseguró Verónica. “La verdad que las chicas me recibieron muy bien”, complementó Francesca.

Estar en Old Resian significó, además, la primera vez que podía jugar contra otras mujeres y empezar a notar la diferencia.Los hombres van más a chocar y se taclea distinto. Pero ojo que las mujeres juegan más sucio, te tiran el pelo”, advirtió entre risas.

Tuvieron que pasar varios entrenamientos y un par de partidos donde mostró todo su potencial, para que le ofrecieran a Francesca la cinta de capitana del equipo.Fue rarísimo porque jugamos dos partidos y el profe me dijo que me veía capaz de asumir ese rol. Desde el inicio me puse muy contenta pero no me veía para serlo porque hacía dos meses que jugaba y había otras chicas que hacía más tiempo que estaban en el club, aseguró la jugadora.

Sin embargo, la decisión del entrenador no fue más que la certeza de ver en la joven un rol de liderazgo natural. Hablo siempre en cada partido antes con las chicas, escucho su opinión. Compartimos todo porque el try lo hace el equipo completo, no uno solo. El rugby es un deporte de equipo y uno solo no gana el partido”, manifestó.

Quien no escatimó en elogios fue Luciana Fonzo, manager de la categoría de Francesca y vinculada a Old Resian desde hace 9 años, cuando arrancó el proyecto de rugby femenino en el club. Ella fue quien le dio la bienvenida a principios de año y hoy, después de compartir viajes y tiempo con la jugadora así la define: Es una apasionada, es muy respetuosa, cálida con los compañeros, educada en el trato con los adultos, cumple con los objetivos. Estamos convencidos que va a ser una medio scrum de primera. Es una nena que vive y respira rugby. Vos ves como alienta y prepara las jugadas con sus compañeras. Es un motor del equipo”.

Futuro inmediato

Luego de la obtención del Nacional de Clubes, es probable que se cierre el año en el tradicional Seven de la República, donde la categoría Pre Juvenil podría jugar como invitada y para difundir el desarrollo del deporte.

Mientras tanto, Francesca seguirá viajando acompañada por su madre, como lo hace desde principio de año, dos veces a la semana a Rosario para los entrenamientos con su equipo. Un esfuerzo que supone casi tres horas entre ida y vuelta de viaje y un par de horas de entrenamiento. “Cuando vuelvo a Las Rosas después del entrenamiento llego súper cansada. Llego, me baño, como y a dormir”, aseguró la joven.

En tanto, su madre, compañera de ruta manifestó que es un sacrificio que estamos haciendo, pero uno por los hijos lo hace. Le va bien en la escuela, es buena, se lo merece. Es un mérito a lo que ella es”. 

Mientras tanto, Francesca sabe que todavía tendrá que seguir derribando prejuicios, como cada vez que la miran con cara rara cuando se enteran que juega al rugby: Generalmente te preguntan si no te golpeas o no te duele. Pero yo le respondo que es como en todos los deportes, corres el riesgo de golpearte y vas aprendiendo técnicas para que no te pase”. 

Eso sí, ya tiene en claro que después de pasar por otros deportes, en el rugby es en donde quiere quedarse. “Antes tenía la duda de qué deporte hacer, pero ahora es el rugby lo que me gusta. Sueño con poder jugar en primera, con jugar en los clubes grandes. Pero primero quiero jugar en Old Resian”.

Un poco de historia

Lo que nació como un partido amistoso entre las chicas de Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó y Alumni un 23 de noviembre de 1985, no fue otra cosa el germen del desarrollo del rugby femenino en la Argentina. Si bien todavía es un deporte incipiente y como tal lleno de obstáculos, en la actualidad hay cerca de 6.000 chicas que lo practican en nuestro país, siendo las provincias de Tucumán, Córdoba y Buenos Aires las de mejor desarrollo. Además, el Seleccionado Nacional, Las Yaguaretés, acaba de conquistar por primera vez en la historia el título en el Campeonato Sudamericano.

En nuestra provincia el club Cha Roga de Santo Tomé dio el puntapié inicial en 1996 cuando un grupo de hermanas, de novias de los jugadores del plantel superior y otras curiosas, formalizaron uno de los primeros equipos del país. En el sur provincial, en tanto, la historia es mucho más reciente y se remonta a la última década. En la actualidad hay unos ocho equipos que lo practican, la mayoría de ellos de Rosario. En nuestra región, además de un intento de La Cañada Rugby en Cañada de Gómez que duró poco, Cremería de Carcarañá comenzó este año, aunque no pudo sostener la actividad.

El gran problema sigue siendo sumar jugadoras y sobre todo en edad escolar. De hecho, Old Resian, el club donde juega Francesca, es el único que tiene todas las categorías femeninas en la provincia. El resto tiene jugadoras que se inician ya grandes en el deporte y con suerte una o dos pequeñas que no alcanzan, obviamente, para formar un equipo. “Hay que derribar un montón de prejuicios en el femenino porque hay gente que no cree que el rugby sea para las chicas porque le parece anti femenino. La mayor traba es que los clubes no le dan la misma importancia o tienen la misma decisión que con el rugby masculino”, aseguró Luciana Fonzo.      

La manager recordó que los dirigentes del club siempre tuvieron la decisión de incluir mujeres en el rugby: “Todo comenzó con un grupo de chicas que entrenaban de manera independiente, pero para poder competir debían estar federadas. Cuando van a hablar a los clubes, los únicos que le abrieron las puertas fueron Old Resian y Universitario. Este último se disolvió y quedamos nosotros. Los dirigentes siempre estuvieron muy convencidos del proyecto y ahí están los resultados”. 

Fonzo destacó que desarrollar un deporte implica tener entrenadores, preparadores físicos y toda una infraestructura y “el club la tiene para cada categoría”. También aseguró que, a diferencia del rugby masculino, en el femenino se hace “un trabajo muy social porque se acercan chicas de bajo recursos que han sido descartadas de otro deporte y encuentran en el rugby un lugar. No es la realidad del jugador de rugby masculino que está relacionado con un sector de mejores recursos”.
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