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martes, abril 23, 2024
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Un tren patagónico de Viedma a Bariloche

El recorrido que cruza toda la provincia de Río Negro, puede realizarse por menos de siete mil pesos por persona

Por Darío Rivadero

Cada vez que subo a un tren, como hijo de ferroviario criado frente a las vías, es inevitable que afloren emociones. Todavía recuerdo un poema de Rafael Jijena Sánchez que aprendí de memoria hace muchos años: “Estación Río Mulatos. Medianoche. Pasajeros silenciosos en el andén. Pequeñas fogatas aquí y allá y a la luz de faroles mortecinos las sombras largas y los rostros de piedra…” De tanto que ha cambiado todo en estos años, el tren es quizás una de los pocos medios, invenciones, propuestas (todo por no llamarlo “cosa”) que nos convoca en tiempo pasado a una forma distinta de viajar en presente, de hacer, de transcurrir, de habitar el mundo, de vivir. 

Siguen siendo muy similares las estaciones de este recorrido Viedma-Bariloche a aquellas metáforas sobre la puna nacidas de la pluma de Jijena Sánchez (allá por 1930). La primera parada en San Antonio oeste es un remolino de voces de medianoche, de bolsos enormes y despedidas altisonantes. No es un tren turístico. Al menos no solamente turístico. Este tren es un servicio que moviliza gente de pueblo a pueblo y el trayecto completo Viedma-Bariloche, tiene un costo de 6.500 pesos por persona. Personas que lidian contra las expresiones climáticas para ganarse el pan y no esperan la nevada para disfrutarla como sí lo hará el turista. Más bien conviven con estos climas rigurosos y sus cambios inesperados. Resisten. De Valcheta a Los Menucos, de Sierra colorada a Pilcaniyeu todo es paisaje cotidiano para esta gente. En este antiguo triángulo nosotros somos “lo nuevo”.

Parada San Antonio Oeste

“Ráfagas de viento helado, que ruge y lanza puñados de arena a los ojos y a los pies”. El frío de agosto se hace sentir en cada parada de la estepa patagónica. Esta formación, que desanda parsimoniosamente cada tramo una vez por semana, ofrece distintas alternativas a lxs pasajerxs. Una enorme máquina tira de manera firme dos plataformas para vehículos (sí, puede transportar autos y motos), un vagón con camarotes, un vagón comedor, un vagón diferencial con boxes y tres vagones con servicio pulman. Hasta ahí pudimos recorrer.

Caminando entre vagones; es decir, transitando mi infancia, pensé que estas 16 horas de un trayecto que se puede hacer en 1 hora si tomáramos un vuelo, es una invitación a recordar los ciclos naturales y armónicos de la naturaleza, a bajar sí o sí esos niveles de ansiedad que nos carcomen los días. Un señor con muchos kilómetros en sus pies y una mirada transparente me decía “una cosa es llegar, otra viajar”.  Entiendo que se refería a este vértigo que nos propone el sistema y cuya antítesis plantea la advertencia (fáctica) de, muchas veces, estar ausente en el presente. Si se piensa solo en el destino nos estamos perdiendo algo valioso en el camino. Un viaje no empieza con el primer paso, comienza con un sueño, una ilusión o un deseo.

Si usted es de aquellos que sólo quieren llegar, el tren no es para usted. Si todavía no puede controlar los niveles de ansiedad y de estrés, esta entrada a la atemporalidad puede inquietarlo. Si se queda sin señal en medio de la meseta y desespera, encuentre otro medio de transporte más ágil para calmar su dependencia. Pero si tomó la decisión de abordarlo es una buena oportunidad para conectarse con la lectura, la música, la escritura (si tiene el pulso firme) teniendo presente que es un tiempo que se abre para usted; o también puede socializar, en un espacio bastante más amplio que un bus, con personas que habitan la Patagonia o con un pibe belga que va a conocer el cerro Catedral.

Como sea y si se decide, cada vez que el tren se detenga, aproveche para bajar del mismo y caminar (permitido y recomendado), comprar algo o simplemente observar. Haga lo que haga esté atento a las señales de partida. Aún así, las clásicas campanadas previas le advertirán. El tren siempre le dará un tiempo más para acelerar el paso y saltar sobre las escaleras. El tren es de todos, para todos y nunca deja a nadie.

“Pitos de locomotoras. Gritos de muchachos. El aullido de los perros otra vez. Parte el tren. La noche es inmensa.”

Siempre Bari

¿Qué se puede decir sobre San Carlos de Bariloche como destino turístico que ya no se haya dicho? Intentaremos actualizar datos sobre circuitos peatonales gratuitos pero antes vamos a dejar algunas anécdotas de nuestro paso.

Durante el viaje en tren conocimos a una pareja brasilera (Thalita y Marco) con la que pudimos practicar nuestro portuñol y rápidamente nos hicieron consejeros para planear el mejor programa en su estadía. Cuatro días en los que iban a depender del clima para poder conocer todo lo que habían visto en redes. Esta parte del sur no se agota en cuatro días. Aún así, nos atrevimos a nombrar Puerto Blest, Lago Frías y cascada de los Cántaros, que se visita todo de una vez. Muy subjetivamente nos parece no sólo representativo de los más esplendoroso del sur, sino de una belleza extraordinaria.

Esta excursión lacustre comienza en Puerto Pañuelo, hasta donde se puede llegar en bus y pagando con tarjeta sube. Desde ahí se embarca con destino a Puerto Blest. Una vez arribados, lo primero que se destaca es un río de aguas esmeraldas que desemboca en el lago Nahuel Huapi. El cartel de Blest tiene como fondo un cerro que, casi siempre, tiene nieve en su cima y es ideal para una buena postal.

Si el camino lo permite (a veces hay barro, mucha nieve o árboles caídos) unos micros trasladan a los visitantes hasta Puerto Alegre, desde donde se volverá a embarcar para navegar el Lago Frías hasta el puerto homónimo. Este es un paso cordillerano muy usado por lo que hay presencia de gendarmería. Lo que es imposible de describir es lo impactante del paisaje donde la selva valdiviana dibuja escenarios magníficos. Ver coihues antiquísimos (y altísimos) y atravesar senderos selváticos con nieve un día de sol es ciertamente irreal.

En puerto Frías encontraremos una réplica/homenaje a “la poderosa”, la emblemática moto de Ernesto “Che” Guevara con la que comenzó su mítico viaje por parte de Latinoamérica. Después de unos 30 minutos se regresa a puerto Blest y aquí se abren dos opciones. Almorzar en el restorán y luego embarcar hasta Puerto Cántaros (que, como curiosidad, es provincia de Neuquén y está a un golpe de vista de distancia) o caminar por el bosque unos tres kilómetros hasta conectar con la famosa escalera de los 700 escalones.

A lago Cántaros se lo conoce así, la cascada de los 700 escalones. La escalada, que se deberá tomar con calma, es acompañada por un curso de agua que va cayendo hacia el lago. Al finalizar el recorrido se abrirá, entre árboles y profusa vegetación, el lago con unos murallones verticales impresionantes. Eso fue lo que nos animamos a recomendar a Thalita y Marcos. La salida no es de bajo costo pero pensábamos que es muy representativa y podría mostrar más que otras que cuestan lo mismo.

Catedral por las nubes

De manera muy clara, el complejo Catedral apunta a una clase de visitante: el que practica deportes de nieve. Si usted es peatón y quiere subir por una vista deberá pagar una buena cifra solo para acceder a un primer tramo solamente. Está vedado para los peatones subir hasta la cumbre. Una decisión que no parece democrática ni justa y priva al resto de los visitantes de conocer una de las mejores vistas de los lagos.

Por otra parte, Cerro Otto es más accesible en costo y también ofrece su famosa confitería giratoria, telesférico y otras actividades de caminatas con raqueta y tirolesa.  Antes de llegar a la cima, si se sube en auto, nos encontraremos con Piedra blancas, un sitio para divertirse en familia con tilrolesas, senderos, trineos y aerosillas. 

Dentro del mismo complejo aparece una opción no tan conocida y muy recomendable: Winterpark. Con tres cortas pistas de distintos declives es, a nuestro juicio, la opción ideal para que niñas y niños hagan sus primeras armas en los deportes invernales (sobre todo sky). También adultos, porqué no. Pero si usted solo quiere ver como su pareja, hijxs o nietxs aprenden, puede prepararse el mate, sentarse sobre alguna roca al costado de las pistas y disfrutar con ellxs sin abonar un centavo (y no es un dato menor).

Para cerrar la parte informativa de los centros de sky de la zona, y obviando Chapelco (cercano a San Martín de los Andes), otro cerro cercano, accesible, familiar y bello es el Cerro Perito Moreno, ubicado entre El Foyel y El Bolsón, con acceso más fácil desde esta última localidad. Si bien es más cómodo llegar en auto, se puede combinar bus hasta El Bolsón y remis hasta la base.

Dos clásicos

Circuito chico

A unos pocos minutos del centro, y abordando la línea 20 (tarjeta sube* y pasa a la altura del centro cívico por avenida Perito Moreno), podremos descender en el final de línea (Hotel Llao Llao/ Puerto Pañuelo) y caminar cuesta arriba unos 800 metros para dar con el primer sendero: arrayanes. 

Este circuito chico ofrece además otras caminatas de duraciones variables y, en general, de baja intensidad con vistas, costas, avistajes y un bosque que acompaña todos los trayectos. Desprendiéndose de este o saliendo a la ruta y caminando unos 500 metros más, podremos encontrar otro sendero (Llao Llao) hacia villa Tacul con un desvío obligado para aprovechar la vista del cerro homónimo.

Otros senderos a mano y para disfrutar son Puente Romano y Bahía Tacul y Lago escondido/Bahía Torres. Estas opciones descriptas compiten a la par de otras que son pagas pero nada envidian en atractivo. En los viajes vimos gente con distinto poder adquisitivo o familias grandes que no llegan a cubrir los costos de una salida lacustre o de todo el día. A veces es debido a la falta de búsqueda de alternativas y otras a que las ofertas comerciales cuentan con el soporte promocional y “tapan” a las gratuitas.

*El trayecto Comodoro Rivadavia/Rada Tili es cubierto por una línea de buses que tiene un tipo de tarjeta propio

Cascada de los duendes

A escasos 100 metros de la parada anterior, también a la altura del centro cívico, sobre calle Ana María Elflein, podemos abordar el colectivo número 50, abonar con la sube y, con un recorrido un poco más extenso, llegar hasta el final de línea, justo a la entrada de Villa Lago Gutiérrez.

Desde ahí, podremos emprender la caminata recorriendo el muelle del lago, cruzar la villa y tomar el camino hacia la entrada del parque. Poco más de 3 km más adelante (en un camino de ripio para vehículos) nos toparemos con el cartel de parque nacional. Desgraciadamente no pudimos llegar hasta la cascada. Algo que es más habitual de lo que uno piensa lo impidió: alarma de vientos fuertes. Como dijimos, el camino hasta la entrada es para vehículos pero, desde la oficina del guardaparques en adelante es sendero y, ante fuertes vientos, la caída de árboles es usual y peligroso para los visitantes.

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