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Un chico de 13 años debutó como árbitro en la Liga Cañadense

Se trata de un niño de Villa Eloísa. Casi no hay antecedentes en el país

Por Pablo Amadei

El árbitro más joven del mundo podría ser argentino y vive en Villa Eloísa. Se trata de Juan Zuculini Aviano que, con tan solo 13 años, debutó oficialmente en la Liga Cañadense de Fútbol el pasado 3 de junio en un partido de la categoría 2015 entre Adeo y Campaña. Este fin de semana volvió a dirigir, en este caso el clásico entre Campaña y Carcarañá.

Como es de imaginar no hay muchos antecedentes de situaciones similares. Apenas hay alguna referencia de un chico llamado Neyen Chauque que allá por el 2007 empezó a dirigir partidos de inferiores de la Liga Santafesina con 13 años también y del que se sabe realmente poco hoy en día. Por eso la noticia causó tanto revuelo apenas se conoció.

“Nunca pensé que iba a tener esta repercusión”, reconoció Eleonora, la mamá del pequeño Juan nació el 23 de abril del 2010.

Desde hace dos semanas el teléfono no para de sonar con llamadas de decenas de medios que quieren conocer más de su hijo. De hecho, es la encargada de filtrar las entrevistas tratando de que todo esto no lo saque de foco y de que pueda tener una vida normal.

“Esto es histórico, no tengo registro de alguien tan joven. Fijate como debe haber llamado la atención que me empezaron a contactar de todos lados. Causó sorpresa”, coincidió Leandro Bottoni, el presidente del Colegio Cañadense de Árbitros.

El reconocido juez, que llegó a dirigir en la segunda categoría del futbol argentino y hoy es el árbitro más veterano de la liga, recordó que Juan llegó para sumarse a las clases y charlas que se dictaron todos los lunes en octubre del año pasado.

“Me contactó Juan Pablo Rosetti que lo conocía al papá y conocía la historia del chico. Juan iba a la cancha de Unión de Villa y ahí me lo presentaron, empezó a conocernos a todos nosotros y quiso venir a las clases. El papá se contactó conmigo y empezó a venir”, contó.

Bottoni reconoció que al principio no sabían desde el Colegio si aceptarlo tan joven porque, si bien no hay límite de edad para ingresar, era una situación inédita.

“Nunca tuvimos una situación como esta de que un chico tan joven se presente con ganas de dirigir. Generalmente se arriman a los 17 o 18 años. Así que con el presidente de la Liga Cañadense estuvimos averiguando con el Concejo Federal y nos dieron el ok”.

Sobre su comportamiento en las clases lo describe como un chico con aptitudes positivas: “Viene, se sienta primero, escucha, le pone muchas ganas, presta mucha atención. El hecho de tener toda la ropa de árbitro visto desde afuera puede ser una tontería, pero no es un detalle menor. Obviamente le falta madurar, crecer físicamente. Lo vamos a acompañar como a todos los chicos que han venido”.

Una vida normal

Fuera del arbitraje prematuro, Juan es un chico de vida normal, de hacer lo que todos hacen en un pueblo donde todos se conocen. Primer año de escuela secundaria, andar en bicicleta, ir y volver a todos lados solo, practicar pádel, jugar con los amigos, alguna salida con regreso temprano. “La verdad que es un chico muy bueno, todavía es un niño, no entró en la adolescencia. Siempre me consulta o me pide permiso”, confesó la mamá.

Cuando se lo escucha hablar, Juan parece mucho más maduro de lo que dice su documento. Hijo único y fanático de su ahora colega Néstor Pitana, en una de las tantas entrevistas que dio en estos días repitió que comenzó a dirigir cuando tenía 6 o 7 años porque no le gustaba jugar al fútbol.

Un silbato de juguete y unas tarjetas de goma eva fabricadas por su madre fueron sus primeros objetos de arbitraje. Por eso en Villa Eloísa nadie se sorprendió cuando entró oficialmente a una cancha. Si todo el mundo lo conoce y desde que tienen memoria Juan vestía de árbitro para dirigir partidos de sus amigos.

Juan Zuculini Aviano vistiendo la ropa de árbitro

“Es una responsabilidad grande, pero para mí es una diversión. Lo hago con responsabilidad porque me gusta y estoy contento por lo que hago”, dijo después de ese primer partido.

Mientras tanto, su mamá sabe que deberá acostumbrarse a que en algún momento podrá venir algún grito hostil desde detrás del alambre y como toda mamá ella estará ahí. “Mientras él sea menor lo voy a acompañar siempre yo. Puede haber mamás o gente que le grite desde el alambrado y bueno, me voy a tener que acostumbrar y el tendrá que estar preparado para eso”.

Así lo entiende también Leandro Bottoni, con el cuero curtido por casi tres décadas de arbitraje y entusiasmado por la llegada de alguien tan chico al Colegio de árbitros: “Uno que quiere tanto esta profesión se emociona, imagínate que si sigue dirigiendo a los 23 años va a tener 10 años de experiencia. Ojalá que esto sirva para que otros chicos se arrimen. El arbitraje parece injusto o ingrato, siembra problemas o enemigos porque imparte justicia. Pero cuando estás dentro de una cancha termina siendo una pasión inigualable”.

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