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Un paseo por la selva de Yungas en Salta

Por Ruth Oitana

La quebrada de San Lorenzo y su entorno marcan el inicio de la selva de Yungas a sólo 20 minutos de la ciudad de Salta.  Allí los amantes del trekking y las caminatas por la naturaleza pueden realizar recorridos de distintos niveles de intensidad de acuerdo a su capacidad física y preparación.

Visitar Salta, la linda, conlleva estar expuesto a una grata sorpresa en cada lugar que se recorre. La diversidad de paisajes y la riqueza de su historia representan sus máximos atractivos, así como su exquisita gastronomía tradicional y su cultura musical y artística. Pero más allá de las peñas y las empanadas, el patrimonio natural de la provincia es algo que el visitante no debe perderse. A pocos minutos de la ciudad capital, en el municipio de San Lorenzo, se encuentra la Reserva Natural Municipal Quebrada de San Lorenzo, un lugar donde crece en forma de galería un bosque en altura. La reserva se encuentra ubicada al oeste de Villa San Lorenzo, al pie de la precordillera o cordillera oriental en el departamento Capital en la Provincia de Salta, norte de la República Argentina.

Hacia allí fuimos con El Impreso del Oeste y pronto entendimos que las distintas actividades como las caminatas, pueden iniciarse desde la sede de la reserva o en el inicio de la quebrada y si uno es foráneo lo más conveniente es contratar a uno de los guías con los que cuenta la reserva. En nuestro caso el recorrido de algo más de una hora se realizó con el acompañamiento de Nicasio Sarapura, un guía de montaña que además, conoce mucho de plantas ya que desde los 18 años trabaja en un vivero de la ciudad de Salta.

El inicio de la caminata fue arduo, eran casi las 11 de la mañana de un día a fines de octubre y el sol se hacía notar fuerte en los primeros pasos, siempre en ascenso. Acertadamente Nicasio nos permitió dejar las mochilas cargadas en la sede de la reserva para alivianar peso y poder armarnos una con sólo lo necesario: bastón, sombrero, cámara de fotos, un abrigo liviano y agua para hidratarse durante el trayecto. La condición cambió cuando del descampado ingresamos en la selva de altura o Yungas (vocablo proveniente del quechua “yunka” que significa “valle cálido”). Allí la vegetación comenzó a cobrar preponderancia y el esfuerzo de caminar en ascenso se sintió menos gracias a la mayor cantidad de oxígeno que ofrecía la selva.

Desde allí todo fue un disfrute para los sentidos, bajo la sombra de enormes ceibos florecidos con un rojo intenso  -como el del poncho del General Güemes-, nogales, molles, talas y tipas, entre otros, la caminata se colmó de distintos tonos de verdes, de bromelias y gran variedad de helechos y epífitas suspendidas en altas ramas y del sonido de las urracas que, curiosas, acompañaban nuestro andar.

Energía vital

La energía vital se sentía en cada respiración y seguramente en épocas más lluviosas, a todos los sonidos de ese hermoso bosque de altura, se le sumará el de los arroyos que bajan por los cerros. Si bien el sendero está demarcado para evitar que el caminante se pierda y distinga el camino de retorno, la asistencia del guía también sirve para conocer sobre la fisonomía del lugar, sobre las plantas que conviene no tocar o los puntos que pueden representar algún tipo de peligro.

Desde la reserva se puede acceder al punto de ascenso del cerro Elefante, una caminata que aseguran no es para cualquiera ya que cuenta con pendientes muy empinadas y cuyo recorrido completo comprende varias horas. Por lo tanto, las provisiones de agua, algún alimento energizante, repelente de insectos y protector solar, deben ser juiciosamente preparadas antes de la partida. También, es necesario registrarse en la entrada de la reserva para que los guías y rescatistas sepan si hay alguien que no bajó de la montaña y así activar un protocolo de búsqueda ante un eventual accidente o asistencia a quien perdió el sendero correcto.

Sobre esto Nicasio comentó a El Impreso del Oeste que suelen tener situaciones de caminantes que ingresan al cerro y que se distraen o no respetan los senderos y terminan extraviándose. Por otra parte, si bien las lluvias son escasas durante gran parte del año, las condiciones climáticas en la montaña varían de un momento a otro, lo que puede provocar una mala pasada a un caminante que no esté preparado. En este punto la conversación derivó en el caso de las turistas francesas, Cassandre Bouvier y Houria Moumni, asesinadas en un punto de la quebrada de San Lorenzo en julio de 2011. Por este femicidio, el acceso a la quebrada estuvo vedado por dos años. Hoy, en el lugar donde fueron hallados los cadáveres de las dos mujeres, se erige una escultura en su memoria.

Vistas y parapente

Llegar a la cima del cerro elefante no solo ofrece una de las mejores vistas panorámicas del valle de Lerma y la ciudad de Salta, sino que es el sitio buscado por los adeptos al parapente que acceden al lugar solamente a pie.

Para quienes no se animen al esfuerzo de recorrer los senderos en medio de las Yungas, la alternativa es llegar hasta el inicio de la quebarda de San Lorenzo donde existen senderos señalizados con carteles explicativos para realizar un paseo autoguiado por el lugar. En ese punto hay una oficina de información turística donde se le facilita al visitante un código QR para escanear y así contar en su móvil con el sendero demarcado.

El lugar también es apto para deportes como el trail running y actividades al aire libre o turismo aventura como ciclismo, excursiones en mountain bike, cabalgatas, senderismo (trekking y/o hiking), safaris o travesías fotográficas, travesías en vehículos todoterreno (4×4) o cuatriciclos, parapente para principiantes y para la observación de aves debido a la gran cantidad de especies autóctonas existentes.

Ecosistema en peligro

Surcada por arroyos de aguas cristalinas, la quebrada se encuentra dentro de las Yungas en las sierras Subandinas o primer escalón del edificio andino; ubicada como contrafuerte oriental de la Puna de Atacama y de características singulares, las nimboselváticas yungas forman una franja angosta en sentido este-oeste que se extienden por 250 kilómetros desde la provincia de Tucumán hasta más allá del límite con Bolivia, siendo un ecosistema complejo, frágil y cada vez más escaso.

Las Yungas o selvas húmedas en las laderas de montaña, cuentan con la presencia casi constante de nubes, fenómeno que se produce por el descenso de temperatura del aire cargado de humedad, que asciende por los cordones montañosos. Este rasgo característico del ambiente, eleva la humedad favoreciendo el desarrollo de las plantas epífitas, como helechos, líquenes, bromelias y orquídeas, que viven apoyadas sobre otras plantas, sin parasitarlas. Este tipo de plantas consiguen todos sus nutrientes, incluyendo el agua, de la acumulación de materia sobre los árboles, mientras que otros absorben el agua del aire que las rodea. De una rica biodiversidad, protege el suelo de las abundantes lluvias del verano y da vida a un curso de agua elemental para el hombre.

La hidrografía se caracteriza por estar conformada por ríos de montaña, la mayoría de ellos con variaciones estacionales de caudal, siendo la época de caudales máximos entre diciembre y marzo, mientras que los caudales mínimos (estiaje) se producen en los meses de septiembre y octubre. Cruzada por numerosas serranías orientadas principalmente de norte a sur, esta región, con su relieve, intercepta los vientos húmedos del Atlántico y condensa la humedad en forma de lluvias orográficas, concentradas entre noviembre y abril (80 % de las lluvias, estación húmeda). Se produce también una precipitación horizontal en la estación seca (mayo a octubre), resultado de la condensación sobre las copas de los árboles de la neblina.

Distintos estratos

La flora de la Quebrada de San Lorenzo se basa en cinco tipos arbóreos: árboles de diez a quince metros de altura, árboles de menos de diez metros, hierbas altas o arbustos, herbáceas (helechos) que desaparecen a la sombra de las plantas más grandes, y el musgo.

Estas características permitieron también el desarrollo de una rica fauna, con una gran variedad de especies endémicas, especialmente en grupos como aves, anfibios y reptiles.

En este ambiente pueden verse con gran facilidad pájaros carpinteros, martines pescadores y urracas; viven también allí chuñas, gatos monteses, pavas del monte, comadrejas, zorros, yaguaretés, pumas, corzuelas, mayuatos, chanchos del monte, zorrinos, cuises y osos meleros entre otros.

Pueden encontrarse ejemplares de jacarandá, tipa blanca, tala, palo borracho, palo blanco, lapacho, carnabla, pacará, nogal del cerro, molle, cebil, pacay, bromelias, enredaderas, helechos, orquídeas, zarza mora, aliso del cerro y pino del cerro, entre otros. Los cedros son los árboles más altos de las Yungas. Actualmente los ejemplares adultos se encuentran en sitios inaccesibles o protegidos debido a que el hombre los taló en forma indiscriminada durante décadas.

Protegida por la Unesco

Las Yungas son consideradas como uno de los ambientes con más alta biodiversidad de Argentina junto a la Selva Paranaense. Principalmente por su rápida fragmentación y destrucción se encuentran entre los ecosistemas más amenazados del mundo.

El 7 de noviembre de 2002 la reserva de biósfera de las Yungas fue incorporada a la Red Mundial de Reservas de la Biosfera por el Comité del Programa El Hombre y la Biósfera (MAB) de la Unesco.

Atrayente por sus paisajes, sus quebradas, sus cerros, sus miles de verdes y por su ubicación privilegiada cercana a la ciudad de Salta, hacen de la quebrada y sus alrededores un sitio ideal para disfrutar de la naturaleza.

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