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La sexualidad lejos del armario: en el closet, las perchas

Entrevista a una mujer que transita el proceso de contarle a sus amigues y familia su orientación sexual.

Por Manu Abuela

¿Alguna vez escuchaste a un hombre hetero-cis contarle con incertidumbre, angustia y miedo a sus amigues y familia que está de novio con una mujer? ¿Y por qué esta escena se torna realidad cuando el mismo varón cuenta que, en vez de salir con una mujer, su pareja es una persona del mismo sexo?

Hoy nos convoca reflexionar sobre esta idea y, para tal cometido, dialogamos con Juana – nombre ficticio – de 30 años, oriunda de San Jorge y residente en Rosario, militante feminista que nos cuenta cómo es el proceso que está atravesando de compartir con su círculo íntimo y compartir con el mundo cuál es su orientación sexual.

El término “salir del closet” ¿Considerás que está en vigencia?

No, creo que ya nos quedó viejo, en blanco y negro, porque en realidad me aparecen preguntas: ¿Salir de qué closet? ¿Por qué usar esa metáfora del encierro hoy, cuando lo que sucede es algo que en definitiva tiene que ver con el deseo, el goce, el disfrute, la amorosidad, parte de nuestra identidad? Creo que en estos tiempos en donde nos cuestionamos cómo nombramos determinadas cosas, no es necesario encorsetarlas en un concepto, como si fuera algo estático.

También pienso en esta idea de salir de un encierro para entrar a un mundo que aparenta ser más abierto que, aunque estemos en 2022, estamos lejos de que todo suceda sin ningún tipo de cuestionamiento.

¿Cuándo pudiste advertir que ya no te gustaban solamente los hombres?

Tiene más que ver con un proceso personal, que cada une se va dando, y no con un momento específico. Porque, al menos en mi experiencia, fue una cuestión muy paulatina. Primero, identificar como una posibilidad de que también me gusten las chicas. Después compartirlo con mis pares, charlar sobre el tema, poder debatir.

Siempre me sentí muy acompañada, nunca tuve una pregunta que no me permitieran abrir otras partes de este camino, de este proceso. Y eso tiene que ver con las características de los espacios donde nos vamos moviendo, de la gente con la que nos vinculamos, eso aporta mucho.

¿Cómo era antes tu vida sexo-afectiva?

Mi vida amorosa y vincular antes siempre fue hetero-cis. Tuve novios, vínculos que fueron complejos y de reproducción de estereotipos. Noviazgos adolescentes machistas, también.

Pero nunca fui muy Susanita. Ya de piba pensaba en un proyecto de vida personal, profesional y militante, donde me encontraba a mí como la protagonista y no en función de la vida de otres. Y creo que eso tiene que ver con nuestra trayectoria de vida, con las historias de otras mujeres que fueron referentas, si se quiere, en mi familia.

Igual, mi residencia en San Jorge tienen que ver con una etapa de mi vida donde aún no estaba atravesada de lleno por la militancia, por la universidad pública, por esos espacios donde empezás a acceder a determinados debates y conversaciones que enriquecen lo sólo colectivo, sino también la vida personal, con coherencia.

En mi casa el tema de la diversidad sexual no era hablado. Pero accedí al tema en otros ámbitos que me aportaron muchísimo.

Entonces irte a estudiar a Rosario y comenzar a militar el feminismo contribuyó en este proceso

Indudablemente. Empezar a militar, irme a Rosario, acceder a la universidad pública fue profundamente trasformador para mí y este proceso del que estamos hablando se da conmigo viviendo en una ciudad grande, estudiando y trabajando. No se da en mi casa, en el pueblo, viviendo con mis viejos. Y es un dato que no me parece menor, en contextos donde no todo el mundo te conoce, te sentís más libre. Esto me pasa a mí y a muchísimas personas que se van.

Pienso en mis espacios de trabajo, en la formación académica y militante, del cuerpo a cuerpo, la formación feminista, que fue trascendental. Todo eso me permitió acceder a información y debates que no sólo me ayudaron a posicionarme, sino también me brindaron herramientas para transitar este proceso.

Siempre decimos desde el movimiento que estamos convencides de un montón de consignas con un contenido ético y político muy profundo y sentido, pero también tiene que ver cómo eso nos transforma hacia adentro y con qué herramientas contamos a partir de la participación de esos espacios para ir armando nuestra trayectoria de vida.

Me surge esta idea de que es mucho más sencillo replicar algo de lo que uno está convencido, pero sentirlo es de otro orden. Porque los temas de la diversidad sexual tomaron otro sentido cuando me atravesaron.

Este proceso que estás viviendo debe tener momentos

Absolutamente. Una primera parte es de aceptación personal de las elecciones que puedo hacer y el reconocimiento de mis deseos. Luego, otros momentos que son los de compartir con tus pares esas elecciones. Otros de estancamiento o mucha angustia por no saber cómo hacerlo o no poder hacerlo y sentir que es algo que me pesa.

En el tiempo previo a iniciar mi vínculo afectivo con mi compañera, yo seguía estando con chicos. Y bueno, ahora en este proceso de comunicar o compartir lo que estoy viviendo y la angustia que genera no saber cómo hacerlo, mis amigues me pregunaron “¿Pero vos le contás a tu familia cuando te ves con un pibe?” Yo respondí que no, y entonces me repreguntaban “¿Y ahora por qué tenés que hacerlo? ¿Qué es lo que tenés que avisar?”

Y esto es determinante, porque le saca mucho de ese peso de vivir una vida oculta, una vida donde no te podés permitir transitar libremente determinados espacios o cómo te gustaría hacerlo por miedo al qué dirán, a ser juzgada, a que tu familia y seres queridos se enteren antes de que vos decidas contarles. Ese era mi mayor temor, que la gente que yo quería se entere por otros y no por mí en el momento que yo elija, ni como yo elija.

¿Fue liberador poder decirle a tus amigues y familia sobre lo que estabas viviendo?

A partir de la primera conversación que tuve con mi familia siento una liberación que no puedo poner en palabras. Es como sacarse una mochila de angustia y especulaciones sobre qué van a decir, si me van a seguir queriendo, bancando, aceptar a mí y a quien venga conmigo. Así que fue satisfactorio

Esta decisión de compartirlo con mis seres queridos me agarra “de grande”. Porque yo me abrí a otras experiencias sexo-afectivas lejos de la heteronormatividad a partir de mis 25 años, aunque hoy lo estoy comunicando y compartiendo. Y sí creo que hoy muchas y muchos pibes y pibas más jóvenes están en otra sintonía, como si correrse de las relaciones heteros ya es una posibilidad.

Claro que hay sectores más reacios en los que este debate no se filtra, pero creo que para quienes estuvieron antes que nosotres fue mucho más difícil, en otro contexto político y social. Ellos nos abrieron muchas puertas para que hoy nosotres tengamos otras herramientas. Por eso, la ESI y el diálogo en casa sobre estos temas es fundamental para la vida de muchas personas que, por miedo, no se animan a compartir cosas hermosas que les están atravesando.

Gracias Juana por poder contarnos tu experiencia

No, gracias a vos. Poder poner en palabras este proceso turbulento y hermoso a la vez me sensibiliza. En este transcurrir, que aún no está delimitado ni cerrado, convergen un montón de sensaciones que a veces pueden sonar hasta contradictorias. Esto de verbalizarlo me sirve para poder sentarme a pensar de que verdaderamente soy una afortunada. No creo que sea una cuestión de suerte sino una decisión de cómo construir vínculos afectivos, tanto con mis amigues, compañeres de militancia como familia. Soy consciente de que muches no reciben la buena onda y los mensajes de amor que yo sí recibí cuando pude compartirlo con mi familia, que no todes tienen la suerte de poder sentirse de esta forma, y eso es lamentable porque aún habiendo dado en profundidad tantos debates, sigue habiendo discursos de odio, no sólo en el orden del sentido común, sino en aquellos que tienen responsabilidades públicas y políticas y después se trasladan al conjunto de decisiones que afectan la vida de todes. Entonces, me apena decir que tuve suerte y soy una afortunda por poder conservar esos vínculos.

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