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Los guardianes del Rey

Un grupo de entusiastas jugadores de ajedrez se reúnen diariamente en Las Rosas a desarrollar su pasión. Además, desde hace una década organizan el único torneo regular que existe en la zona.

Por Pablo Amadei

El ambiente no es el de solemnidad que uno supone para una partida de ajedrez. No hay ese silencio sepulcral que los jugadores necesitan para tener concentración total. La mítica frase de los Campanelli “¡No quiero escuchar ni el solido de una mosca!” no tendría mucho sentido aquí.

Para empezar, estamos en un bar céntrico de Las Rosas y son las cuatro de la tarde de un día cualquiera. Hay una pantalla de una gran TV que dispara esos sonidos modernos de las canciones que escuchan los chicos. Hay ruidos de tazas, de las mozas que van y vienen, de un grupo de parroquianos con varias tazas de café sobre la mesa, del infaltable que lee el diario de garrón y pide que cambien de canal porque está a punto de empezar un partido de futbol. Y están ellos. Como cada día desde hace más de 20 años. Un grupo de entusiastas ajedrecistas que se reúnen alrededor de un tablero con 64 casillas, 16 piezas blancas y otras tantas negras. De lunes a lunes. Llueva, truene o con 45 grados a la sombra.

El número es variable. Pueden ser hasta 10 pero nunca menos de 2. Lo suficiente para acomodar las piezas y arrancar la primera partida de la tarde. Cuando los demás comienzan a llegar, el ambiente es casi futbolero. Dos personas cara a cara frente al tablero y el resto alrededor opinando, sugiriendo jugadas, criticando ante un mal movimiento, bromeando, poniendo apodos irreproducibles. “Los de afuera son de palo”, acá no corre demasiado. Hay profesionales, comerciantes, obreros, jubilados. Todos igualados frente a los peones, los caballos, los alfiles, las torres, la dama y el rey.

Descarga a tierra

Yo trabajo toda la mañana, almuerzo y voy a las dos de la tarde al negocio. Llegan las cuatro y estoy inquieto. Si tengo gente me hincha las pelotas porque me quiero escapar, es el rato de desenchufe que tengo porque no sabes lo que nos reímos, lo que nos cargamos”, contó Raúl Serra, comerciante maderero y hombre ligado a Almafuerte de toda vida, club del que alguna vez fue presidente.

El “Flaco” como se lo conoce ya dejó su legado con una jugada que le es propia y que quedará para la posteridad: la “gomosa. En cualquier torneo de ajedrez estaría absolutamente prohibida y hasta sería causal de expulsión. Pero el reglamento del bar todo lo puede. Consiste básicamente en estirar el movimiento de una pieza como si fuera un chicle por distintos lugares del tablero hasta soltar la pieza. El truco está en que cuando el jugador advierte que fue una jugada equivocada, retrotrae la pieza a su lugar original y hace otro movimiento.

Aclará que no es que somos unos irresponsables que largamos todo y no nos importa nada para venir a jugar al bar. Pero para mí es una descarga a tierra”, aclaró Serra.

El clásico

Sin embargo, no parece haber cosa más importante a esa hora que reemplace una partida entre los amigos. Sino que lo diga Cristian Bernardi, el acérrimo rival del Flaco. Se conocen desde hace años y ya se hizo como un clásico que se festeja con grito en la cara cuando de ganar se trata. “Organizo mi día para estar de 16 a 17 acá, así que les digo a los clientes que a esa hora ni pasen por el negocio porque no me van a encontrar. Una hora al día hago lo que a mí me gusta y eso no tiene precio”, aseguró. 

Dentro del grupo hay casos que parecen sorprendentes. Damián Bornia es de El Trébol, hace serigrafía y vende bolsas de papel para los negocios. Como él dice, se hizo ”todos los clientes posibles en Las Rosas para venir dos veces por semana a jugar al ajedrez” porque “no hay en ningún lado jugadores que tengan una rutina de venir todos los días a jugar como en Las Rosas. Y mirá que visité ciudades y bares de todos lados, eh”.

Y ni hablar del viajante de una localidad cordobesa del que vamos a prescindir mayores datos para no poner en riesgo su trabajo, que al menos una vez por semana hace “coincidir” sus ventas para estar a las 16 en punto en el bar y jugarse unas partidas. “Poné que ajedrez como el de Las Rosas no hay en ningún lado”, sugirió.

Un prócer

Si querés saber del ajedrez en Las Rosas no dejes de hablar con el “gordo”, me dicen. El “gordo” no es otro que Juan Carlos Pisani, una especie de prócer local, sobreviviente de la vieja guardia de la década del ‘80, cuando todavía siendo un pibe se codeaba con los grandes de aquel entonces. Una especie de edad de oro del ajedrez rosense. 

No te olvides de poner a Reano, Posadas, Zapico, Capriata, Faidella, Costa, Suita. Siempre tuvimos un buen nivel de ajedrez”, dijo Pisani y agregó: “Acá se organizaban torneos en los que venían a jugar campeones argentinos. Una vez hubo cuatro juntos, que encima lo ganó Canaro Flores que es de acá”.

Pisani agregó un dato poco conocido que marca el nivel de los jugadores locales de aquel entonces. Una vez el ex campeón argentino Gerardo Barbero llegó a jugar para un equipo de Las Rosas y por supuesto ganaron el torneo por escándalo.

Aunque ya no va con tanta continuidad al bar a jugar ni participa de los torneos porque la pandemia lo alejó, de vez en cuando se echa una partida con los amigos. En el grupo aseguran que es porque cuando pierde se pasa de rosca y le sube la diabetes. “Tengo mi carácter y soy competitivo, es cierto, pero siempre respetando al rival”, aclaró. 

El grupo es bastante lindo, nunca hubo una pelea. Ha venido gente de afuera a querer jugar por dinero y les dijimos que no. Hay una armonía que no la encontrás en otros ajedrecistas porque es un juego muy individual y de mucho ego y acá eso queda de lado”, ratificó.

El fenómeno  

Cuando se le consulta por este fenómeno que se da en la ciudad y que mantiene vigente una actividad durante más de cuarenta años no duda. “Las Rosas es un pueblo con una calidad de gente distinta a todos los pueblos de la zona. No te olvides que acá estaba la mejor timba de la región, los mejores quilombos. Siempre tuvimos una movida cultural enorme. El ajedrez es una especie de consecuencia de todo ello. Hace años venían de otros pueblos porque les llamaba la atención que a las 3 de la mañana de un martes se jugara al ajedrez en los bares”. Las malas lenguas lo traducirían en que durante muchos años Las Rosas no se destacó por el mundo del trabajo, precisamente. Históricamente fue tierra de guitarreros, poetas, trasnochados, bohemios y algún que otro loco.  

Junto a Pisani sobreviven otros históricos en el grupo como Juan José “Canaro” Flores. “Era un jugadorazo que ahora está un poco alejado por su trabajo, pero llegó a ganar un campeonato de segunda de Rosario y le pegó más de un susto a los mejores rosarinos”, lo define Pisani. Incluso, hace poco más de un mes atrás, Flores mostró las garras en el Abierto de la Bandera de Rosario, un torneo internacional y con grandes maestros presentes dándole pelea a todos sus rivales.

El campeón

Y qué decir del más veterano del grupo, el doctor Jorge Ronchese, una vida dedicada a la medicina y que con 82 años mantiene la lucidez para darle batalla a los más jóvenes. Cuando se le dice que podría ser el padre de casi todos sus rivales no pierde el humor y afirmó: “Y sí, si los tengo de hijos a todos”. 

Hace un tiempo largo, cuando la TV era en blanco y negro, Ronchese fue Campeón Santafesino y llegó a ser primer tablero en un match de Argentina contra Inglaterra y Holanda por correspondencia. “Dos años duraban esas partidas. Tenías que esperar que llegue la carta con la jugada para responder con la tuya. Al final te hacías amigo de los rivales porque te contabas de la familia, te invitaban a su casa”, rememoró.

A esta edad jugar al ajedrez es bueno para el cerebro y la verdad que en el grupo la pasamos muy bien. Nos hacemos bromas todo el día. Cuando hacemos el torneo a los de afuera les gusta venir porque acá es como una familia”, agregó.

El torneo al que hace referencia el médico no es otro que el Grand Prix, prácticamente la única competencia regular que existe en la zona y que ya lleva 11 ediciones consecutivas, solo interrumpido por la pandemia. Los primeros sábados de cada mes durante nueve meses se juega una etapa. Quien suma más puntos es el campeón del año y participan jugadores de toda la región. En el último que se hizo hubo más de 20 jugadores que llegaron incluso del gran Rosario. 

El certamen fue idea de Alfredo Yorio, el escribano del grupo y en la vida real, el hombre que según sus rivales juega al ajedrez tal cual como es su profesión: estructurado y apegado a las leyes. “Alfredo lo organizó al torneo y le puso el pecho. La verdad no pensé que fuera a terminar ni siquiera el primer torneo y mirá adonde llegamos. Fue todo gracias a Alfredo. Eso destácalo”, pidió Pisani.

El desafío

El gran desafío ahora es poder volver a organizar aquellos torneos que fueron clásicos en la década del ochenta, que se jugaban durante varios días y que reunían a lo mejor del ajedrez santafesino. 

Si bien la tecnología y la Internet permiten jugar hoy con rivales de cualquier lugar del mundo y la mayoría de los integrantes del grupo lo hace, la cita en el bar se mantiene inalterable, como hace más de 20 años. Porque el ajedrez del bar es otra cosa, hay contacto humano, le vez la cara la rival. Por eso, ellos se encontrarán cada día, entre las cuatro y las cinco de la tarde en un bar céntrico de Las Rosas. Donde en varias mesas serán dos personas separadas por un tablero de 64 casillas negras y blancas e igualadas frente a los peones, los caballos, los alfiles, las torres, la dama y el rey.

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