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Una maestra de Sarmiento en Las Rosas

La historia de las docentes estadounidenses que Domingo Faustino Sarmiento trajo para alfabetizar el interior del país, fue recopilada por investigadores, escritoras y familiares de esas mujeres. Una de estas maestras vivió en Las Rosas.

Por Aldo Marengo

Clara Allyn fue una de las 61 maestras que viajaron desde EEUU hacia la Argentina para conformar un equipo de docentes para las escuelas normales del interior. Para conocer más sobre su vida y la historia que la llevó a radicarse en Las Rosas, El Impreso del Oeste dialogó con la escritora Laura Ramos sobre su libro “Las Señoritas, Historia de las maestras estadounidenses que Sarmiento trajo a la Argentina”, con el historiador Ezequiel Adamovsky autor de “Historia de la Argentina, biografía de un país” y con Peter Benitz, descendiente de la maestra y biógrafo de la familia Benitz .

Corría el año 1879 y Clara Allyn descansaba sobre la baranda del vapor que la llevaba de Buenos Aires a Rosario. Un viaje demasiado largo para una veinteañera de Minessota a la que un recuerdo desdichado le hacía perder la mirada en el horizonte. La distrajo una imagen que la fascinó. “Parecía un Cristo”, diría mas adelante. Era un joven delgado, tostado y de barba rizada rubia.

En Rosario se hospedó en la casa del reverendo metodista Thomas Wood, cónsul estadounidense. Como se estilaba en la época, la señora Wood había invitado a un grupo de gente joven para recibirla y uno de los huéspedes era el pintoresco joven del barco. Su nombre Williams Benitz. Era hijo de un estanciero norteamericano, llegado desde California con su familia, donde había hecho su fortuna vendiendo mercaderías a los buscadores de oro. Había emigrado a la Argentina, donde compró y equipó la estancia “La California” de 10.800 has. en el distrito de “Los Esteros” (luego municipio de Las Rosas).

Clara Allyn continuó su viaje a Paraná. Allí la esperaba su hermana Frances, directora de la Escuela Normal, quien la había convocado para que trabaje como maestra. Ambas formaron parte de las 61 docentes estadounidenses que Sarmiento trajo a Argentina entre 1869 y 1898 contratadas para trabajar en escuelas normales del interior del país, en muchos casos para fundarlas o para ayudar a construirlas.

El proyecto de Sarmiento

La escritora Laura Ramos contó que, “Sarmiento concibió este proyecto en EEUU. Primero fue como enviado del gobierno chileno, cuando estaba exiliado por el gobierno de Rosas. El ministro de Instrucción pública (Manuel) Montt lo mandó a Europa a investigar la educación. Allí no se entusiasmó con nada y cuando estba terminando el viaje en Inglaterra encontró los papeles de Horace Mann, un estadounidense que había revolucionado la educación pública en su país. Allí se las ingenió para conseguir dinero, viajar a EEUU y conocer a Horace Mann, quien había tomado los principios pedagógicos del suizo Johann Pestalozzi”.

Sarmiento volvió a la Argentina y se sumergió en las luchas políticas del país y 20 años después, volvió a EEUU y se encontró con la viuda de Horace Mann, quien se convirtió en su amiga y principal aliada en este proyecto de traer maestras. “El quería traer 2000 mujeres docentes, pero finalmente solo consigue traer 61”, relató Ramos.

De Paraná a las Rosas

“Clara era muy delgada – continuó la escritora- y muy pequeña de estatura, pesaba apenas 42 kg, tenía los ojos celestes muy grandes y una cara de niña muy marcada”. Es decir que cumplía con los estándares que Sarmiento había solicitado: “de aspecto atractivo, maestras normales, jóvenes, pero con experiencia docente, de buena familia, conducta y morales irreprochables y, en lo posible, entusiastas y que hicieran gimnasia”.

 Ramos indicó que Clara y William “se enamoraron y mantuvieron el noviazgo en secreto dos años hasta que Clarita terminó su contrato con el gobierno argentino como maestra de la Escuela Normal de Paraná. Le contó a su hermana que se quería casar con Benitz y Frances le dijo que fuera a preguntárselo a su padre que estaba en Corcicana, Texas”. Eran huérfanas de madre.  En el libro se cuenta toda la historia de la familia. Frances había sido como una madre para Clara. Así fue que Clara y William viajaron a Corsicana. donde se reencontraron con su familia y se casaron el 25 de abril de 1881. Al poco tiempo volvieron a la Argentina y se instalaron en la estancia La California.”

Con la pluma y la espada

Como bien nos detalla el historiador Ezequiel Adamovsky, “Sarmiento tiene la ambivalencia que de la tradición liberal en la Argentina y su proyecto europeizante para el país. El ‘padre del aula’ formó parte de esa corriente cuya primera fase hay que ubicarla en la década de 1830 cuando los unitarios, como parte de su confrontación con los federales, trajeron a la Argentina conceptos que se estaban usando en Europa en ese momento, esa dicotomía entre civilización vs. barbarie para interpretar el conflicto político que los tenía como protagonistas. En ese relato los unitarios eran los que traían la civilización, las ideas de progreso y libertad y sus enemigos eran la barbarie a los que identificaban con lo plebeyo, lo rural, lo criollo y lo mestizado en una interpretación de la disyuntiva de la hora que luego popularizó Sarmiento en su libro Facundo”.

El 25 de noviembre de 1876 escribió en El Nacional: “Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen…. Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”.

Sin embargo el proyecto educativo de Sarmiento fue muy importante en cuanto a inversión edilicia, bibliotecas, incluso el proyecto de las maestras fue muy caro: se pagaba en pesos oro altos salarios desde el momento del embarque.  Para la “civilización” tuvo un proyecto que superaba lo pedagógico.

La vida en La California

Peter Benitz, bisnieto de Clara Allyn indicó que en su sitio web www.benitz.com se detalla lo que la escritora Alice Luiggi relató en su libro “Sesenta y cinco valientes” de 1959 escribieron sobre ella: “La contribución de Clara Allyn a la Argentina, no se computa en años de enseñanza, sino en los ciudadanos útiles que le dio. Tuvo 8 hijos entre 1882 y 1897. Todos nacidos en Argentina excepto el último, de EE. UU donde vivieron dos años”.

Benitz contó que “La casa, que se levantaba tres millas más adentro del portón de entrada, estaba siempre abierta para los amigos argentinos y norteamericanos. La vida transcurría a caballo, y los rodeos, la cacería del ciervo, los partidos de polo y los paseos al galope a las estancias vecinas, a varias leguas de distancia, eran diversiones frecuentes.”

Es curiosa la historia de uno de los hijos de la pareja, Frank Allyn Benitz, quien fue enviado a estudiar a Malvern, Inglaterra siendo niño. En 1917 se desempeñó como aviador de la Fuera Aérea Inglesa falleciendo en un accidente aéreo con su biplano. Peter contó que “hubo mas de 500 pilotos argentinos (la mayoría descendientes de ingleses o franceses) que pelearon como voluntarios en Europa”.

Otras maestras

Laura Ramos detalló algunas de las otras historias narradasa en su libro. “Investigando encontré en la Universidad de Duke en EEUU, el diario íntimo de una prima de las niñas Allyn que estuvo en La California. Además de describir el lugar relató: “hoy desayunamos con la señora de Borges“. En este diario y en las cartas de otras maestras se la vuelvió a mencionar describiéndola como una inglesa casada con un argentino y que hospedaba en Paraná a algunas de las maestras. “Pude verificar que Fanny Haslan se casó con el Francisco Borges -al cual Jorge Luis Borges le dedicó un poema en el que contó cómo se conocieron sus abuelos-. Ella daba pensión, una vez viuda, para poder mantener a sus dos hijos, uno de ellos era Guillermo, el padre del reconocido escritor”.

“Otro gran hallazgo es que dos de las maestras Mary Olive Morse y Margaret Collord partieron de New York y se asentaron en Mendoza formando una pareja ellas dos, un matrimonio, en Chacras de Coria, en las afueras de la capital. Ejercieron cargos directivos y docentes.  Todo el mundo sabía que eran una pareja y la respetaban. Grandes maestras, grandes pedagogas. Hace poco se encontraron materiales pedagógicos escritos por ellas”.

Sin embargo, tras la muerte de ambas “se desató un escándalo por parte del sobrino de una de ellas quien quemó todas las pertenencias, porque estaba muy enojado por la condición sexual de ellas.” Las docentes están enterradas en el cementerio de la ciudad de Mendoza. Una lápida de mármol presenta una referencial inscripción: “And in their death they were not divided” (en su descanso eterno no fueron separadas).

El 15 de enero de 1865 Sarmiento le escribió en una carta a Mary Mann : “Imajinese lo que sería un centro luminoso en el interior, una colonia norteamericana, en San Juan, produciendo plata, i cereales, i educando al pueblo”. Las Rosas fue en sus inicios casi una concreción de aquella utopía sarmientina.

Hubo después una segunda oleada de inmigrantes a Las Rosas. Ellos eran italianos y españoles, con otras formaciones e ideas. Entre ellos unos anarquistas locos. Pero esa, es otra historia.

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